Presentación de la Novela El Retorno de los bárbaros por el poeta Salvador Medina Barahona
El retorno de los bárbaros
(Presentación de la novela homónima de Rose Marie Tapia.
Miércoles 25 de agosto de 2010, VI Feria Internacional del Libro de Panamá.)
“—Soy humana, pero no idiota.” Ésta sería una de las frases más memorables que habríamos de encontrar en el clímax de los acontecimientos suscitados por “el retorno de los bárbaros”. Su autora, Sara Ortiz, expresidenta de la República y en ese momento aliada del que antes sería su peor enemigo, Rufino De León Bustamante, alias El Cuervo, nos deja ver otra vez su tenacidad frente a lo grave de las circunstancias. La democracia ha sido herida de muerte en la cabeza. El presidente depuesto por órdenes de una hermandad oculta se encuentra en la clandestinidad, junto con una mujer cuyos ideales han sido otra vez encarnados en la defensa de un sistema imperfecto que ella supo defender a costa de su propia vida y que ahora se ve nuevamente en peligro.
“—Soy humana, pero no idiota.”—dice Sara Ortiz y vuela con el Cuervo, decidida, lejos de la serpiente, que en cualquier momento podría despertar, asfixiarlos, engullirlos. Ayer enemigos en la ilusión del poder, hoy aliados en la inexorable realidad de los sucesos, Ortiz y De León Bustamante deparan al lector una jornada de extrema intensidad. Son, al final de cuentas, los dos danzantes en una danza de los opuestos que reclaman en su ejecución la armonía de lo justo, la grandeza de lo trascendente.
Incluso una mujer como Sara es capaz de actuar con frialdad, dejar en el desamparo a su enemigo de turno, que es, ante todo, el enemigo del sistema democrático, y huir con quien, pese a todo, representa la legalidad.
Nada parece ser gratuito en las narraciones de Rose Marie Tapia. Esta frase fulminante, que he tomado como pretexto para armar el andamiaje de esta incitación a la lectura de tal vez la mejor novela hasta ahora escrita por la autora de No hay trato y Agenda para el desastre, resulta la huella de contraste en el lienzo de mantasucia de una sensibilidad poco conocida en un personaje generalmente oscuro, arbitrario, amañador él mismo de los valores democráticos que en los actuales sucesos defiende con su vida. Él, tal vez incapaz de emitir frases trascendentes, decisorias y decisivas, nos deja ver, en la voz de la mujer que ama y lo recuerda, unos versos de Almafuerte, que lo delatan como la oveja furiosa de la familia, pero, qué duda cabe, oveja al fin: “No te des por vencido ni aun vencido,/ no te sientas esclavo ni aun esclavo;/ trémulo de pavor, piénsate bravo,/ y arremete feroz, ya mal herido...”
Los papeles parecen invertirse: Sara Ortiz se hace fría, calculadora frente a unos acontecimientos límites: el escape o la muerte; por su parte, El Cuervo, aún en la ironía, deja esplender una poco común luz de humanidad, cosa solo advertible si leemos en el subtexto de la acción una personalidad capaz de sugerir la asunción de un riesgo a costa de la propia vida.
Rose Marie Tapia ha dado, así, brillo fulminante a una trilogía que aboga por la construcción de un sistema más ecuánime, en el que impere la imperfección de la justicia, el comercio de las buenas prácticas gubernamentales; en suma, la concreción de un ideal que beneficie a los hombres y mujeres que padecen los exabruptos del poder, lo deshumano de sus políticas, lo oscuro de sus perversiones, lo parcial de sus réditos.
Creo que estamos celebrando la publicidad de una novela como pocas, ágil, profunda, bien tramada, con el valor agregado de enmendar algunos de los mayores equívocos de la novela actual: el aburrimiento, la gravedad extrema, la morosidad de una prosa somnífero, el culebrón fácil o la excesiva enumeración de detalles, como si estuviéramos en una edad ya lejana en la que no hubiera más ocupación que la lectura del ego abultado de un escritor.
Tapia nos da personajes vivos, actuantes en una realidad que es ficción y una ficción que es real. Sabe que los días son largos, las noches y el tiempo, cortos, y que el lector no dispone ni siquiera de insomnios improductivos (cosa lamentable, por otra parte, pero que nuestra autora sabe respetar, motivando el paso de una página a la otra con la sensación de que hemos leído lo que debimos leer, sin que eso implique una merma en la calidad de la ficción, libre como está de abrojos, experta en acciones, natural en su modo de tratar la sicología de los personajes.)
Sara, Rufino, Gian, Antonio, Carmen, Isabel, Fernando Moreno..., en fin, esos seres que cobran vida y nos la cobran en cada párrafo, porque con ellos actuamos y vivimos, destinados a vernos en un espejo de absurda realidad y en en un lago de alentadoras esperanzas, Sara, Rufino, Gian, Antonio, Carmen, Isabel, Fernando Moreno y sus gendarmes desconocidos..., decía, son, según mi lectura, el aldabonazo en la puerta de nuestra inopia.
Los bárbaros parecen estar aquí, otra vez, con el disfraz de las buenas intenciones; con la frazada epocal del paternalismo y el populismo de derechas, que es cosa dura de entender; con el bozal para ponerlo en el hocico de los perros que se atrevan a ladrar (—Sancho, los perros ladran..., diría Don Quijote); con la hipocrecía de siempre; con las mañas aprendidas en las Harvad School of Economics y tantas otras cosas que no debemos permitir.
Gozo con el gozo futuro de sus lectores. Yo, que me confieso lector de pocas novelas, no puedo menos que agradecer un lúcido trabajo de exploración social e individual, unas páginas de puesta en vilo, un rigor que llega a nosotros en forma de fluidez connatural con nuestra vida y nuestro escenario vital, constructivo y alucinante, cuando no destructivo y sobrecogedor.
De argumentos, poco o nada. Eso, como siempre, que lo descubra el lector, que ése es su derecho. Contrario a lo que aconsejan las buenas costumbres, juzguen este libro por su portada, que sí le es fiel. Manuel Salvador López, su diseñador, ha logrado sintetizar notablemente la zozobra de unos días difíciles que estuvieron y aún parecen estar entre nosotros:
“―Usted decide, Cuervo. Por ahora, estos pelafustanes, traidores y cobardes son los que tienen la sartén por el mango, mientras usted se fríe en su interior.”
¡Que el diablo nos agarre confesados!
¡Nessum dorma!
PALABRAS POR LA AUTORA
Mi agradecimiento a los presentadores: el escritor Ariel Barría Alvarado, el poeta Salvador Medina Barahona y a la maestra de ceremonia, Isolda De León Becerra. A mi familia y a ustedes mis queridos lectores que son mis amigos.
Las palabras nos hundieron
en el negro pozo del espanto.
Otras palabras nos alzarán
Hasta una nueva claridad.
Poeta catalán: Salvador Espriu
La palabra ha sido desde el inicio de mi carrera como novelista la protagonista de mi tarea, la herramienta que he intentado pulir y manejar. A través de la palabra expreso los sentimientos que se anidan en mi alma.
Sin humildad no se puede hacer literatura, porque la literatura es comunicación y por mecanismo de defensa cerramos los oídos a las palabras soberbias. Mi expresión es sencilla, pues solo anhelo llegar al corazón de cada uno de ustedes y pretendo hacerlo de una manera natural como un amanecer o una puesta del sol.
Cada vez que se enciende el debate de quienes hacen literatura y quienes no, no hay debate ideológico, sino subjetivismo triviales. A final de cuenta es el lector quien tiene la última palabra porque él sabe cuando un libro no solo lo entretiene sino que lo hace pensar, lo hace sentir, pues convoca sus emociones y cada vez que pasa una página, no desea que el libro termine. Porque cuando una persona escribe poniendo el espíritu en cada palabra realiza siempre una obra que no se parece a ninguna otra antes realizada.
La búsqueda de las palabras que aspiren a la claridad verdadera nos rescata del negro pozo de nuestras confusiones. Recrear el mal no es fácil. Las narraciones son buenas como instrumentos para comprender moralmente el fenómeno del mal. Una buena historia ilumina los hechos oscuros al tiempo que estimula la reflexión y el diálogo. En este caso la novela: El retorno de los bárbaros vienen a ser herramienta para potenciar en nuestras sociedades la capacidad de autocrítica y examen para generar en nuestro presente un debate alrededor de los peligros que se ciernen en torno a la democracia. La democracia es como una copa de cristal, si no la cuidamos, se hace pedazos.
Los personajes de El Retorno de las bárbaros representan los modelos de nuestra sociedad: Sara Ortiz: Lucha contra la corrupción, arriesgando su vida. Alza su voz valiente desde la frustración y el coraje. Su lema: No hay trato. Después del grito, el silencio, después del silencio, el perdón, después del perdón, el amor.
Rufino De León Bustamante, uno de los personajes más aborrecidos y admirados. Paradójico. Sí. El amor lo rescata del infierno de sus pasiones. Dos mujeres logran el milagro: Isabel De la Fuente, su gran amor y Sara Ortiz, su enemiga política. Este personaje se desplaza entre las sombras y la luz, lucha como el mejor de los guerreros contra su propia naturaleza.
Gian Spinola: Apuesto y cautivador. Tal vez el personaje más brillante, de una inteligencia que raya en locura. Cruel, cínico, audaz como ninguno. Escéptico, valiente y capaz de grandes desafíos.
Isabel De La fuente: Mujer bella, con una escala de valores a toda prueba, con debilidades, como cualquiera de nosotros, pero con la firmeza de luchar por los que ama y por lo que cree. Con la capacidad de ofrecer amor en la más difícil de la circunstancia. Un mujer que logra la redención de un ser lleno de odio y de deseos de venganza.
Fernando Moreno: Un ser despreciable, lleno de codicia y ansias de poder. Incapaz de controlar ese temperamento violento que lo llevan al homicidio a sangre fría.
Antonio y Carmen: representan la amistad, el coraje, la honestidad y la lucha por sus ideales.
Esta novela ha sido uno de mis mayores retos, torcer el personaje de Rufino De León Bustamante. ¡Qué difícil es la conversión de un político!
Esta es una novela de ficción, no hay duda, pero en Panamá, la realidad supera a la ficción. Al leer: El retorno de los bárbaros se produce un reconocimiento: todos hemos pasado por algunas de las situaciones que se nos describen. Esa es, la función de la literatura: reflexionar acerca del sentido más profundo de la existencia: de nuestra existencia, en toda su complejidad.
Hay naciones donde la democracia se ha convertido en un ritual, en una forma de protocolo, donde los nuevos déspotas se alternan el poder político y económico y les ofrecen a los pueblos recetas que lo anulan y los llevan a un abismo que los idiotiza. Esa es la farsa de los supuestos demócratas, cuidado, cuidado… Se van adueñando del poder, poco a poco. Es la puesta en marcha de estos bárbaros a quienes poco o nada les interesa, el porvenir de nuestros países. Muchas gracias.