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LA POBREZA Y EL DESEMPLEO

Uno de los problemas más serios de nuestro país es la pobreza. La pobreza es consecuencia directa del desempleo y la mayoría de las personas que viven en la extrema pobreza son desempleados crónicos.

¿Por qué tantos panameños deambulan por las calles en buscas de trabajo sin poder encontrarlo? La respuesta es fácil: no están preparados para trabajar. ¡Son analfabetas funcionales!  Es posible que el término parezca muy duro; pero no por eso deja de ser cierto.

Nuestro país se enfrenta a una serie de cambios estructurales en donde los pobres, que son la parte más débil, se han  ido quedando atrás, cada vez más atrás y, aunado a esto, Panamá está marcada por grandes injusticias. Las estructuras de desigualdad en nuestro país no sólo marginan al pobre, sino que lo excluyen, les anulan. Hay un desprecio generalizado por la dignidad de los pobres y  una carencia de valores morales que contribuyen a la insolidaridad con que se trata a los más necesitados.

Los pobres, por su situación de carencias, son muy vulnerables. Algunas veces son manipulados por  inescrupulosos políticos, quienes con falaces promesas de ayuda, los utilizan; pero jamás los capacitan, porque dejarían ser ese caudal de electores cautivos que los favorecen. Las personas honestas, que  participan y que deben participar en la política, tienen deber de encargarse de rescatar, de tan aviesas manos, a estos humildes panameños, que por su deficiente preparación vocacional o académica han caído en semejante  situación.

Es hora de detener la infortunada realidad de los pobres, que constituyen el 42 % de la población, y efectuar los cambios que se requieren. El clamor de los necesitados es sordo, impetuoso y en ocasiones amenazantes. Es hora de actuar con responsabilidad, compromiso,  justicia social, y  de desafiar estos retos con soluciones y alternativas.

Es urgente formar y capacitar a los pobres para que no vivan en la inseguridad perenne de no saber si cuenta con los recursos para llevar el sustento a sus hogares. Hay que ayudar a los pobres a que tomen conciencia  de su dignidad integral y se conviertan en protagonistas de su desarrollo siendo capaces de transformar su mundo, sus relaciones y estructuras sociales, creando una sociedad justa, solidaria y participativa.               

Nuestra comunidades tienen que organizarse para exigirle al gobierno un plan de entrenamiento y capacitación para todos esos panameños desempleados. Y así, ellos podrán resolver su situación, contribuyendo al desarrollo socio-económico de nuestra patria  y desvaneciendo, en parte, la crisis estructural de nuestra economía; ya que, el empleo es factor prioritario de desarrollo.

Tenemos que tomar conciencia de que resolver el problema de la pobreza no es sólo tarea del gobierno; ya que, el desempleo  no es la única causa de la pobreza, sino también: el bajo crecimiento económico, la desigual distribución de los ingresos, debido a los bajos salarios mínimos, el endeudamiento gubernamental y el excesivo pago de la deuda externa; que impiden al gobierno, la  ejecución de  proyectos para promover el desarrollo social. La sociedad civil tiene que enfrentar estos desafíos y empezar a resolverlos.

Es impostergable la inversión social en salud, educación,  vivienda y en Proyectos de Capacitación para el Trabajo; ya que, de esa forma se mejorará la calidad de vida de las personas más necesitadas; permitiéndoles superar la pobreza de una manera permanente y resolviendo los problemas colaterales que conlleva,  tales como: la desnutrición, el embarazo precoz, el analfabetismo, el bajo nivel académico y muchos otros.

El futuro está lleno de posibilidades y desafíos que requieren madurez y responsabilidad. Tenemos que poner la mirada en la dignidad humana, el bien común y el deseo ferviente de resolver los gravísimos problemas del desempleo y la  extrema pobreza. Así lograremos minimizar el grado de frustración que siente las clases desposeídas de nuestro país. Y de esa manera, todos juntos construiremos un Panamá, equitativo, fraterno, justo y solidario.

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