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EL DIÁLOGO

El diálogo abre las puertas, soluciona los conflictos y engrandece a las personas. Es un vínculo de unidad y fraternidad. El diálogo no es una discusión ni un debate, sino una búsqueda de la verdad entre dos o más individuos. Tenemos que comprender que nos necesitamos y nos complementamos porque tenemos para dar y necesitamos recibir. Porque ningún ser humano es capaz de captar enteramente la verdad absoluta.

El diálogo es comunicación, es tratar de comprender el punto de vista de las otras personas, es ser amable, es procurar ser flexible y generoso. Esa actitud es básica y fundamental entre los individuos.      Hay ocasiones prejuzgamos a las personas porque no hemos entablado una comunicación directa con ellas y cuando por cualquiera circunstancia  dialogamos  inmediatamente cambia cualquier opinión negativa y surge una auténtica amistad como consecuencia de esa plática. Esta reflexión nos debe ser útil para allanar y conciliar cualquier diferencia o malentendido que surja con nuestros semejantes en nuestra vida cotidiana.  

Entre las familias se debe promover el diálogo a un nivel de comunicación íntima, ya que, la familia es la escuela donde se aprenden las primeras lecciones de relaciones humanas, allí se experimentará amor, consideración, respeto o se sufrirán rechazos, agravios, insultos e injusticia. En nuestra familia se verá los primeros ejemplos que difícilmente se borraran de la memoria y más tarde, se reflejarán en nuestra vida matrimonial, en nuestro trato social, en nuestra actividad política. En todas estas  acciones se reflejarán el entrenamiento recibido en nuestros hogares.

Es imperativo que incorporemos el diálogo a todas nuestras actuaciones: familiares, de trabajo,  sociales y ciudadanas.  Esta actitud también debería ser posible entre los pueblos, comunidades y naciones. Nuestros gobernantes deberán potenciar el diálogo y el entendimiento para procurar del mantenimiento de un status privilegiado, siendo esto un gran paso hacia una convivencia pacífica de todos los panameños. Donde hay diálogo, hay entendimientos. Cuando nos cerramos al diálogo, casi siempre esta actitud conlleva manifestaciones de intolerancia y violencia. ¿Cuántos problemas se pudieran evitar si el diálogo fuera una prioridad en nuestras vidas?  Sin embargo hay grupo interesados en provocar inestabilidad social para afectar la economía y menoscabar el bienestar del país. Esas personas no están interesadas en el diálogo porque desde hace mucho tiempo su discurso está agotado. No tienen nada que aportar y son fácilmente identificables, porque se le puede ver cerrando calles y induciendo a la violencia. Ellos andan con una mecha en la mano incendiando los problemas, no desean la solución de los mismos. Estos dirigentes no son otra cosa que promotores del caos. Sabotean el progreso porque con esta actitud piensan que mantienen vigente su doctrina desfasada.

Ha llegado la hora de que todos los panameños promovamos  el diálogo y la participación de la sociedad civil para consolidar nuestra democracia y contribuir a un bienestar para la presente y futuras generaciones. Desarrollando un proceso participativo de todos los sectores  lograremos un amplio acuerdo nacional y un desarrollo sostenido.

 

 

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