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LA SALUD: UN LUJO QUE LOS POBRES NO SE PUEDEN DAR

Si es cierto que la salud no tiene precio, en Panamá cuesta y mucho. De esta reflexión surgen un debate entre la salud y la economía con interrogantes éticas muy serias. Debemos analizar la relación que existe entre la globalización y la salud. En este mundo  la salud se ha convertido en un mercado, un libre mercado muy despiadado que ha transformado al enfermo en cliente. En ese inhumano negocio, los opulentos pueden cuidar su salud y los pobres quedan excluidos.

Desde hace más de dos años los legisladores se reúnen para tratar de rebajar los medicamentos. ¿Por qué razón no han tenido éxito? ¿Les falta voluntad política? ¿Siente temor de enfrentar a poder económico? Hay medicamentos que cuestan hasta B/. 6.00 cada tableta. La ley de medicamentos que actualmente se aprobó en la asamblea en nada va a resolver el problema. Tengo la Impresión que muchos distribuidores de medicinas han aumentado el costo de los medicamentos para que cuando se produzca la tan mencionada rebaja de los precios, esta no afecten sus jugosas ganancias. Y si eso es así, esto sería un engaño intolerable.

En el negocio de los medicamentos hay muchos intermediarios y todos exigen un porcentaje de utilidades. Encareciendo los medicamentos de una manera escandalosa. En este país con las medicinas tan costosas es un lujo enfermarse y ese lujo los pobres no se lo pueden dar. El desabastecimiento de medicamentos en el Seguro Social, debido a la burocracia existente, obliga a muchas personas a comprar sus medicinas. Muchas veces tiene que usar el dinero de la comida, para poder curarse y los desempleados o los que son muy pobres tienen que recurrir a remedios caseros que casi nunca los curan.  

Con relación a las citas y a los  exámenes médicos especiales la enorme demanda en el Seguro Social y en los hospitales del Estado hace que las personas que no pueden pagar estos servicios, en las clínicas privadas, tengan que esperar meses de meses para realizárselos. Y cuando al fin el médico los atiende para evaluar los resultados, no tiene dinero para comprar los medicamentos. Una enfermedad que se hubiera tratado y curado rápidamente se convierte en una enfermedad crónica. Porque estas personas de bajos recursos económicos no tuvieron el privilegio de la salud, que en nuestro país es exclusivamente de los ricos.  Disculpen si les parezco reiterativa, es nuestro deber cuando vemos una injusticia repetirla las veces que sean necesaria hasta que se elimine.

Somos conscientes de que la medicina moderna con su gran tecnología ha aumentado sus costos. Sin embargo, no podemos enfrentar la enfermedad de una manera mercantil. El gobierno y las autoridades de salud tienen el deber insoslayable de buscar la forma de no penalizar al pobre excluyéndolo de los beneficios que le pueden aportar la modernización de los servicios de salud. La sociedad civil en conjunto con el gobierno debe organizarse para enfrentar este delicado problema y proporcionarle a todos los enfermos, sin distinción de clase social, la oportunidad de recuperar su salud desburocratizando los servicios que proporcional el Estado y estableciendo reglas claras para que los distribuidores y los laboratorios de medicamentos no comercialicen con la salud del pueblo panameño porque a salud debe ser derecho de todos, no el negocio de unos pocos. Esta es la única manera  administrar un país con justicia, equidad y solidaridad.

 

 

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