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CULTURA POLÍTICA PARA LA DEMÓCRACIA

Un sistema democrático debe estar fundamentado en el respeto a la dignidad humana, en la solidaridad con las personas que integran el país y en la prevalencia del interés general; los cuales, son objetivos del orden político y fortalecen la unidad de la nación; asegurando a sus integrantes la vida, la convivencia, el trabajo, la justicia, la igualdad, el conocimiento, la libertad y la paz.    Estos valores constituyen el proyecto común que la Constitución debe asegurar a todos los ciudadanos y debe ser el marco de la Institución Cívica en nuestra nación; además de ser el núcleo de una ética civil compartida por todos sin excepción. La Constitución demanda como deber vital y cívico, la igualdad de oportunidades y el bienestar para todos; el deber y derecho al trabajo, como  fuente de riqueza y el interés general como acción impostergable.

El espacio para el interés público prioritario tiene, entre la clase política, una existencia insuficiente. Con dificultad encuentran el punto de convergencia en el que todos puedan subordinar sus intereses particulares en aras de conseguir el interés general.  Las divisiones políticas partidarias y la fragmentación de la sociedad, la debilidad del nacionalismo, la precariedad del Estado, han imposibilitado la construcción de un espacio público. El interés personal se impone por encima del bienestar de la colectividad.

Construir el espacio público supone un conjunto de actitudes y de hábitos, como el reconocimiento de la dignidad propia y ajena, la capacidad de entender y valorar la opinión de los demás, la disposición a discutir en pie de igualdad,  la intención de llegar a acuerdos incluso por la transacción o mediante la sujeción a reglas preestablecidas. Estas actitudes y hábitos son los que permiten que el antagonismo no derive en conflicto.

Cada vez que en nuestro país surge la iniciativa de una discusión en torno a resolver una problemática nacional, se levantan las voces de los intransigentes, de los que buscan el caos político y hablan de alianza entre gobierno y oposición, para frustrar cualquier intento de diálogo y de resolver los gravísimos problemas que enfrenta nuestra nación. 

Las asociaciones de la sociedad civil deben ser promovidas por el Estado, como escuelas para formar espíritus públicos, pero también como canales para que se expresen en las esferas públicas los intereses particulares. Por eso el propósito central del Estado es la búsqueda de la igualdad, para que las diferentes capacidades puedan desarrollarse a plenitud, lo que supone la generalización de ciertas condiciones básicas de bienestar entre la población: educación, seguridad social, empleo, salud, etcétera.

Hacer estas transformaciones requiere  proyectos comunes de trabajo mancomunado y de desarrollo, requiere que los recursos y la energía puesta conjuntamente hagan más eficaces los esfuerzos individuales, logrando una convivencia en paz y la consolidación de la democracia. La democracia lleva consigo, junto con las decisiones de las mayorías, el respeto a una serie de derechos humanos y libertades. Y el respeto a las minorías. 

La cultura para la democracia implica, en todos los niveles, desde los inmediatos hasta los nacionales, candidatizar a los mejores, a los más capaces, seleccionar y votar por los mejores, y crear los mecanismos para exigirles que se comporten como los mejores.  Sólo entonces funciona la Democracia.

 

 

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