Agenda para el desastre PRESENTACIÓN
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La profecía del desastre (Presentación de la novela Agenda para el desastre, de Rose Marie Tapia, en la feria del libro de Panamá y Centroamérica, dedicada a Perú, el 19 de agosto de 2009) Salvador Medina Barahona Solo respeto a los novelistas que honran el talento de la subversión. Aquellos que hacen un nexo tangible, y al mismo tiempo efímero, con la realidad que los rodea, por cuanto ésta cambia de forma inexorable y lo que hoy vemos suele ser abolido en el segundo siguiente por una suerte de magia destructiva, o trasformadora ―para ser menos trágicos―. Admiro a aquellos que narran la agenda de los días sin escapar de esa realidad que los agobia. Los que, como si de una radiografía se tratase, revelan, hasta donde les es posible, la patología de las sociedades y las grandezas de sus individuos, siempre capaces de sobreponerse al golpe de los acontecimientos, aunque susceptibles de caer en la cultura de los réprobos y los parias. La novela, como la épica de nuestro tiempo, ha de ofrecernos una mirada atenta y poco complaciente de las iniquidades y los prejuicios, si es que ha de cumplir su misión de espejo y oficiar su ritual de profecías en una sociedad que no puede darse el lujo de una escritura meramente artificial o inhumana. Sirve de espejo en cuanto referente imaginativo de lo que somos, sitio en el que mirarnos en nuestras deformaciones y exactas medidas. Sirve de profecía en cuanto herramienta de reconocimiento del futuro en las acciones tramadas y vividas en el presente, único lugar posible desde el que ejercer la toma de conciencia hacia las dimensiones que nos propone una lectura cronológica del tiempo, animal dudoso pero necesario, mal que nos pese. Una de las grandes patologías radiografiadas en la novela de nuestro tiempo ha sido el poder ejercido desde múltiples escenarios y, por lo tanto, con infinidad de máscaras que le dan una caracterización acomodaticia y perversa que la novela subversiva tiende a denunciar o, al menos, desenmascarar. Quede claro que lo anterior no implica un ejercicio moralista ni aleccionante, aunque sí implica la inversión de unos presupuestos éticos cónsonos con los valores universalmente aceptados, o al menos congeniados en un acuerdo de tolerancias. Desde las satrapías más vergonzantes hasta los totalitarismos corporativos disfrazados de democracia han tenido que sufrir la auscultación de unos lectores de la realidad que dejan al desnudo las intenciones más oscuras del poder. Rose Marie Tapia es, antes que nada, una de esas lectoras audaces y temibles con las que ningún mentiroso de la cosa pública querría encontrarse. Sus lecturas del hecho social y de las sicopatías institucionalizadas del poder la urgen a unirse a esa estirpe de escritores que hablan de lo que ven y de lo que no ven gracias a la penetración de su ojo clínico y desafiante. No es de extrañar entonces que se haya enfrascado en la realización de una trilogía política que ayude a purgar los parásitos que corroen las paredes del vientre materno en el que nadamos a ciegas, con la guía de engañosos líderes, tributarios de una media verdad y defensores de una acción mediatizada y poco eficaz, para decir lo menos. Desde No hay trato, novela que inicia esta trilogía, la autora de Agenda para el desastre, obra que hoy comentamos, nos sienta en primera fila y nos imputa una ceguera de la que solo es posible curarse con una toma de conciencia que, de suyo, hacemos al cursar las páginas de su narrativa. Ni con las derechas ni con las izquierdas, sino con el ser humano como centro de su interés, ella nos ofrece una aleación de personajes vívidos que sintetizan el conflicto social y humano que deviene de un ejercicio cuestionable del poder y sus formas. Peligrosamente cercana a la realidad, no pierde de vista su misión literaria y echa mano de recursos que trascienden la escueta denuncia o el panfleto y legitiman a la novela como una poética de lo real. Creo no equivocarme al afirmar que, hasta el momento, el más memorable de sus personajes resulta ser el que protagoniza Agenda para el desastre, que, como he consignado en la contraportada de la obra, es ―tal vez― la más tenaz y ensombrecida de las creaciones de esta novelista que no termina de sorprendernos con búsquedas cada vez más arriesgadas. Sostengo, igualmente, que nunca antes nos había entregado un personaje principal tan en sintonía con las fuerzas oscuras, en un ejercicio maquiavélico del poder que hará todo lo posible por no defraudar la máxima acuñada por el autor de “El príncipe”, obra que nuestra autora ha frecuentado cerca de una decena de veces. No soy de los que cuentan la historia para arruinarle el placer al lector de ser partícipe directo, sin intermediario alguno, de sus acaeceres y entramados. Pero sí tengo la mala costumbre de ofrecer mis impresiones más honestas con el fin de provocar o propiciar la discusión que toda obra creativa merece. Agenda para el desastre es, pues, la encrucijada en la que se suscitan las acciones de la escena política imperante en este mundo globalizado; por supuesto, sitiadas en un tiempo y espacio que parecieran decirnos que cualquier parecido con la realidad NO es mera coincidencia y que nos llevan a mirar entre la fauna de líderes corruptos que nos circundan, sin desmedro de aquellos que honran, hasta donde les sea posible, un verdadero compromiso con sus congéneres. Lo más extraño de esta novela es que nos presenta un protagonista que podría ser visto como el héroe y el antihéroe de la historia, cosa poco común, porque o se es una cosa o la otra. En la cúspide del poder tenemos a un presidente al que amamos y odiamos al mismo tiempo, con un arsenal insospechado de acciones que lo aproximan al autoritarismo y una ética que pareciera cumplir con su misión de no hacer daño a los desamparados, que en nuestro sistema de cosas pareciéramos ser casi todos. Un personaje bidimensional capaz de sepultar vivo a su peor enemigo, a condición de que dicho sacrificio represente una permanencia en el poder que ayude a concretar los ideales más nobles en una nación en que impera el caos y en el que no pareciera existir más alternativa que una integración de liderazgos a la medida de las circunstancias. Lo que a ratos puede presentarse como una arbitrariedad al margen de la ley, resulta en otros como el único remedio para extirpar un cáncer que amenaza con hacer metástasis en el momento menos esperado. Lo que en ocasiones hace ver al presidente como un ególatra empedernido puede ser, en el fondo, la tabla de salvación de una sociedad en bancarrota, con índices de descontento alarmantes y fisuras por las que podrían caer, sin retorno posible, las esperanzas y los sueños. Rose Marie Tapia muestra en toda su complejidad el aparato que hace posible el funcionamiento de una sociedad de hombres y mujeres capaces de subvertir sin ambages el orden establecido, en procura de una orden más justo y más humano. Por supuesto, siempre hay lugar para la elipsis y la ambigüedad, del mismo modo en que las cosas son dichas sin pelos en la lengua y con una claridad meridiana y estremecedora. Es interesante observar cómo el poder es capaz de cambiar a un individuo que lo ostenta con aplastante sagacidad y del cual es, sin embargo, materia de transfiguración, en su acepción más profunda y, por qué no, benévola. Queda la duda, sin embargo, y ante cualquier debilidad del líder puede asomarse la barbarie de otros agentes que aguardan a hurtadillas tras las puertas de Palacio, con el fin de instaurar los dominios de una hermandad secreta, hija de mentes brillantes y peligrosas. A mí me han quedado varias interrogantes luego de la lectura de esta obra. La que me inquieta de modo particular es si estamos o no en el umbral de un nuevo modo de controlar las mentes y los destinos del hombre. Ya nos lo advertía Roberto Sosa en su poema “Caen en el vacío dos palabras mayores”, el que citaré como cierre de esta provocación. No es la primera vez que lo hago impelido por la fuerza narrativa de una escritora que nos sugiere vías poéticas de interpretar o desenmascarar los juegos perversos de los dominantes. Cuando una palabra que hemos construido y encarnado con la dedicación de los siglos cae, es tiempo de reflexionar, detener la marcha desaforada hacia una felicidad falsa y retomar, cada quien a su modo, que para eso somos únicos, el sendero de la no falsedad. En lo personal, se me antoja relacionar mi lectura con el citado poema, tanto como a ustedes les resulte mejor relacionarlo con una imagen, una canción o el silencio. Como siempre, Rose Marie Tapia ha sido capaz de estimular en mí, como estoy seguro de que lo hará con ustedes, la lectura ampliada y consecuente de la vida que llevamos: Dice Sosa: (Dar clic en el link) http://hondurasliteraria.blogspot.com/2009/08/caen-en-el-vacio-dos-palabras-mayores.html PRESENTACIÓN AGENDA PARA EL DESASTRE Esta novela ofrece a sus lectores la posibilidad de un diálogo a través de ciertos temas y situaciones que son fruto de una actualidad puntual. Los personajes de Agenda para el desastre nos recuerdan a mucha gente que se mueve en el mundo de la política. Realidad o ficción, es la pregunta de siempre. De todo un poco y sobre todo memoria histórica.
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